Historia |

Madrid, 21 de Octubre de 2012
Con ocasión de la firma en Edimburgo el 15 de octubre de 2012 por parte del primer ministro británico, David Cameron, y el presidente escocés, Alex Salmond, del acuerdo político por el que los poderes del Estado delegan en el parlamento regional la capacidad de convocar y organizar un referendo de independencia antes del final de 2014, se ha puesto de moda comparar por parte de algunos nacionalistas catalanes y vascos su situación política con la situación escocesa. 

Es evidente que la historia de España nada tiene que ver con la historia de Gran Bretaña, y que la situación de las provincias vascas o del Principado de Cataluña nada tiene que ver con la historia de Escocia.

Una primera reflexión realizada desde la historia nos permite afirmar que si bien Escocia puede ser tratada como una unidad a efectos históricos (a pesar de las diferencias existentes entre las Tierras Altas y las Bajas, diferencias lingüísticas, religiosas y de clanes), no así ni las provincias vascas ni el principado de Cataluña. Efectivamente para el análisis de la vinculación entre las provincias vascas y la corona de Castilla sería necesaria realizar un estudio por separado de los tres territorios forales (Vizcaya, Guipúzcoa y Vitoria). A su vez con respecto a la vinculación del Principado de Cataluña con la idea nacional de España tendríamos que considerar la realidad histórica de la corona de Aragón y prescindir de la existencia de un supuesto e imaginario reino catalán.


Jacobo II, gobernó a pesar de su catolicismo, 
pero fue expulsado. Sólo gobernaron de facto
sus hijas anglicanas.

No es nuestra intención hacer un estudio pormenorizado de la idea del nacionalismo escocés, ni siquiera realizar un estudio de la existencia del nacionalismo catalán y vasco, sino que con ocasión del revuelo de la consulta escocesa queremos tratar sucintamente del nacimiento del legitimismo escocés, legitimismo que supone por si un vivo contrates con el movimiento legitimista profundamente arraigado en las provincias vacas y el principado catalán, pues precisamente en España el legitimismo ha sido un legitimismo nacional hispano y plurirregional, no un legitimismo regional, pues ni las provincias vascas, ni Cataluña, han luchado nunca en su historia por una independencia con respecto al concepto más amplio de España, sino que precisamente han tomado las armas cuando España dejaba de ser fiel a sí misma (ejemplos sobrados tenemos en la guerra de Sucesión Española, en la guerra contra la ocupación francesa, o las guerras carlistas donde ambas regiones se caracterizaron por defender una monarquía absoluta e hispana).

Escocia es uno de los reinos históricos europeos que como todo reino mantuvo numerosas guerras y alianzas con sus vecinos, y muy especialmente con los ingleses. Así durante la Edad Media son numerosos los conflictos entre ambos reinos, enfrentamientos caracterizados por una marcada conflictividad territorial debido a las difusas fronteras entre ambos reinos. Así las cosas, y remontándonos a los tiempos inmediatos al nacimiento del legitimismo escocés, en 1603 Jacobo VI de Escocia se convirtió en Jacobo I de Inglaterra tras la muerte de Isabel I sin descendientes, uniendo las coronas pero manteniendo los parlamentos separados, por lo que Escocia mantuvo su gobierno, un gobierno no exento de enfrentamientos políticos entre los escoceses y los ingleses.

A este primer rey Estuardo de Inglaterra, Escocia e Irlanda le sucede su hijo Carlos I defensor del absolutismo frente a un Parlamento Inglés que no estaba dispuesto a dejar la política en manos únicamente del monarca. Este enfrentamiento le valió a Carlos I su condena a muerte, y el triunfo desde 1642 hasta 1689 de la llamada Revolución Inglesa en la que se viven tres guerra civiles, un fase republicana, una dictadura militar, y la definitiva instauración de los Estuardo en 1660 bajo el reinado de Carlos II Stuart que sabe mantener unidos sus reinos en un estado de aparente tranquilidad.

Carlos II muere sin descendencia en 1685 por lo que las coronas de Inglaterra y Escocia pasan a su hermano Jacobo (James VII de Escocia y II de Inglaterra), quien antes de acceder al trono se había convertido al catolicismo. Es esta conversión al catolicismo la que provocará continuos enfrentamientos entre Jacobo y el Parlamento, enfrentamientos que aparentemente terminan con el compromiso asumido por Jacobo (entonces Duque de York) de educar a sus hijas Mary y Ann en la fe anglicana. Este compromiso pareció convencer a la nobleza inglesa pues tras su coronación como rey esa misma nobleza apoyó a Jacobo frente a las pretensiones del Duque de Monmouth (hijo natural de su hermano Carlos II) quien alegando el catolicismo de Jacobo pretendió infructuosamente hacerse con el trono.

Jacobo VII una vez eliminado el Duque de Monmouth, y creyendo asumida plenamente su condición de católico por parte de la nobleza inglesa, decide revocar el Acta de Prueba (Test Act) consistente en una serie de leyes penales que instauraban la revocación de diversos derechos cívicos, civiles o de familia para los católicos romanos y otros disidentes religiosos no anglicanos, estableciendo varios principios discriminatorios destacados, como la exclusividad del acceso a los cargos públicos para los anglicanos. Con esta revocación Jacobo abandonaba la política apaciguadora de su hermano Carlos II aumentando las tensiones no tanto entre escoceses e ingleses sino más bien entre anglicanos y católicos.

No contento Jacobo con la revocación de Acta de Prueba decidió imponer autoridades católicas en el ejército y en la Universidad de Oxford, al igual que decidió la publicación de una Declaración de Indulgencia en la que se propugnaba la igualdad de católicos, anglicanos y puritanos.

Todas estas tensiones, que habían sido soportadas por la nobleza sabedores que las herederas al trono estaban formadas en la fe anglicana, llegan a su máxima expresión en 1688 cuando la segunda esposa de Jacobo, la católica María de Módena, dio a luz a un niño inmediatamente bautizado en el seno de la Iglesia Católica, y que llevaría por nombre Jacobo Francisco Eduardo Estuardo (James Francis Edward). Este joven heredero garantizaba la sucesión católica al trono inglés, por lo que los líderes protestantes ingleses que dominaban el Parlamento, lanzaron una revolución en defensa de la monarquía parlamentaria y de la preeminencia de su religión.

Jacobo III de Inglaterra,
también conocido como el Old Pretender.
Fue reconocido como rey por numerosos
estados entre ellos Francio y los Estados Pontificios



Para la defensa de los intereses anglicanos el Parlamente decidió recabar la ayuda de Guillermo de Orange, esposo de Mary, la primogénita del propio Jacobo, quien desembarcó en Inglaterra el 15 de noviembre de 1688 con su ejército procedente de Holanda. Jacobo VII decidió no presentar resistencia ante dicha ocupación y huyó a Francia con su mujer y su hijo. En este momento podemos entender que nace el legitimismo escocés (e inglés) pues Jacobo VII de Escocia (II de Inglaterra) fue despojado de su reino, y su descendencia habida con María de Módena fue eliminada del orden de sucesión. 

Sin duda alguna el legitimismo escocés ha sido el legitimismo más breve de todos los que conocemos (nada que ver ni con el longevo carlismo, ni con el influyente legitimismo francés), pero en su haber también cuenta con ser el legitimismo más curioso de todos ellos. Efectivamente, resulta curioso que la Convención de Pares y representantes de los Comunes convocados por Guillermo de Orange despoje de todos los derechos al trono a Jacobo VII de Escocia y II de Inglaterra, y sin embargo otorgue los derechos sucesores a su propia hija María (II de Inglaterra), es decir, Jacobo VII es el mismo el origen de la dinastía legítima y no reinante de los Estuardo, y a la vez es origen de la dinastía ilegítima y reinante de los Orange, a través del matrimonio de Guillermo con su hija María. 

Desde Francia Jacobo VII reclutó el ejército que desembarcó en Dublín, dado que los católicos irlandeses habían manifestado su rechazo al nuevo orden sucesorio fijado por Guillermo de Orange. El 1 de junio de 1690 ambos ejércitos se enfrenta junto a las riberas del Boyne, en donde Richard Talbot, I conde de Tyrconnell, Lord Teniente de Irlanda, y comandante de los ejércitos jacobitas no pudo evitar la derrota; Jacobo volvía a huir a Francia abandonando a su suerte a los irlandeses que siguieron luchando hasta el Tratado de Limerick en 1691.

Desde este año 1691 los legitimistas no presentaron mayores problemas a la corona de Guillermo de Orange quien continuó reinando tras la muerte de María II el 28 de diciembre de 1694. 

En 1701 muere Jacobo II heredando los derechos sucesorios legitimistas Jacobo VIII de Escocia y III de Inglaterra (James Francis Edward). Al año siguiente (1702) muere sin descendencia Guillermo de Orange sucediéndole en la corona de Inglaterra y Escocia la segundo hija de Jacobo II, Ana, que con el correr del tiempo sería Ana de Gran Bretaña y la causante del nuevo resurgir del legitimismo inglés y escocés. 

Efectivamente, tras la muerte de María II y la constatación de la ausencia de descendencia por parte del matrimonio de María y Guillermo, el Parlamento Inglés aprobó en 1701 el Acta de Establecimiento que garantiza la sucesión a la Corona de Inglaterra a los miembros de la familia protestante de la Casa de Hannover. No obstante el Parlamento Inglés había cometido la negligencia de no consultar al Parlamento de Escocia que, por otra parte, intentó preservar la dinastía Estuardo. Así en 1704 fue aprobada en Escocia el Acta de Seguridad en la que se estipulaba que si la reina moría sin descendencia, se concedía a los Estados el poder de elegir al siguiente monarca escocés de entre los descendientes protestantes de la casa real de Escocia. La persona elegida por los Estados no tenía que ser necesariamente la misma que subiera al trono inglés, a menos que varias condiciones religiosas, económicas y políticas fueran aceptadas por el elegido. Aunque no era lo políticamente más conveniente, el Acta obtuvo el asentimiento real cuando el Parlamento Escocés amenazó con retirar las tropas escocesas del duque de Marlborough en Europa (a la sazón se estaba desarrollando la guerra de Sucesión Española) y negarse a pagar los impuestos.  l Parlamento Inglés respondido con el Acta de Alienación (1705), que impuso grandes sanciones económicas y por la cual los súbditos escoceses serían declarados extranjeros (quedando con el grave peligro de perder las propiedades que tuvieran en Inglaterra), a menos que Escocia aprobara el Acta de Seguridad o aceptara la unión con Inglaterra. Los Estados eligieron la segunda opción, y se designaron comisionados para negociar los términos de la unión. Los Artículos de la Unión fueron aprobados por los comisionados el 22 de julio de 1706, y fueron aceptados por el Parlamento Escocés (pese a una oposición abrumadora de la mayoría de escoceses) el 16 de enero de 1707. De acuerdo al Acta, Inglaterra y Escocia se convirtieron en un solo reino llamado Gran Bretaña el 1 de mayo de 1707. 

Precisamente ese decreto de Unión de 1707 permite a Jacobo III de Inglaterra y VIII de Escocia (reconocido como tal por Francia, España, los Estados Pontificios y Módena) intervenir en la política inglesa tratando de invadir infructuosamente Escocia en 1708. El rey legítimo volvería a intentar el levantamiento de Escocia por lo que participó en una rebelión restauradora en Escocia en 1715 siendo derrotado nuevamente. Tras su nuevo fracaso se instaló con su familia en los Estados Pontificios por cuanto Francia se abstuvo de seguir apoyando sus esfuerzos de restauración, pues Luis XV no deseaba un enfrentamiento con Gran Bretaña por este motivo. Jacobo III siguió defendiendo la causa católica pero con poco éxito.

Nieto de Jacobo II, protagonizó
el intento militar más serio
para la reivindación del trono por
parte de los jacobitas



Jacobo III se casó con la Princesa Clémentina Sobieska (1702–1735), nieta del Rey Juan III de Polonia. De este matrimonio nacieron dos hijos. El primero Charles Edward (1720- 1788), llamado más tarde el Joven Pretendiente (Young Pretender o Young Chevalier) y Henry (1725- 1807) futuro Cardenal York. No obstante seguir ejerciendo los derechos sucesores en 1743 Jacobo III decidió ceder la jefatura de la familia Estuardo a su hijo mayor Carlos, aunque sin renunciar a sus derechos dinásticos.

Aunque lo cierto es que esta cesión en la jefatura de la familia Estuardo no sentó nada bien ni a Francia, ni a los estados Pontificios, sin embargo esta circunstancia no impidió que Charles Edward planificara el levantamiento más organizado de todos los planeados en la historia legitimista inglesa. Así en 1745 se inició nuevamente un levantamiento jacobita formándose un ejército integrado principalmente por highlanders escoceses. De una forma rápida los legitimistas fueron capaces de hacerse con el dominio de las Tierras Bajas pasando a controlar todas las zonas rurales y conquistando Edimburgo. No obstante su excesiva confianza en el apoyo popular y en los refuerzos navales prometidos por Luis XV provocaron que el ejército jacobita se tuviera que replegar tras haber avanzado considerablemente sus posiciones con las toma de Carlisle y Mánchester, y logrando acercarse peligrosamente a la misma Londres. Finalmente las tropas reales enviadas por el monarca Jorge II lograron controlar las tierras escocesas y vencer definitivamente en la Batalla de Culloden en abril de 1746 a los leales jacobitas.


Carlos, tal y como hiciera su abuelo, tuvo que abandonar Escocia, aunque en esta ocasión el joven pretendiente permaneció escondido durante meses antes de poder huir a Francia. A pesar de todos los esfuerzos realizados en 1766, tras la muerte de su padre, no logró ser reconocido como rey (Carlos III) por los Estados Pontificios; sin duda alguna su disoluta vida (aficionado en exceso a los encantos femeninos y al alcohol) y su proverbial irresolución fueron los motivos principales de dicha falta de reconocimiento.

Con todo hay que reconocer que el Young Chevalier suscitó en un principio grandes esperanzas, pues había gozado de gran simpatía personal, incluso entre sus opositores, siendo recordado como un líder carismático que podía atraer la buena voluntad de la gente común. Es más, su imagen había suscitado el entusiasmo de los escoceses, y muy especialmente de las mujeres, que veían en el joven Carlos un monarca apuesto y dispuesto. Este aprecio inicial de su pueblo, la difusión de su imagen, y su mismo nombre Carlos, hacen que su figure nos recuerde en algunas facetas a la de nuestro rey Carlos VIII, que también demostró tener afición al bello género.

Muerto el rey Charles en 1788 sin descendencia heredó los derechos de la casa de Estuardo al trono británico su hermano Enrique (Enrique IX de Inglaterra y I de Escocia). Ordenado sacerdote en 1747 decidió dedicarse a su carrera eclesiástica llegando a cardenal, sin participar en actividades destinadas a la restauración de los Estuardo. Debido a la Revolución Francesa perdió gran parte de sus riquezas, constituida por propiedades heredadas en Francia, por lo que murió pobre en Roma en 1807, legando sus derechos al trono a Carlo Emmanuele IV de Saboya, rey de Cerdeña.

Desde la muerte de Enrique, aunque a través de Carlos Emmanuele se han sucedido los diferentes reyes legítimos, se puede decir que el legitimismo de origen católico escocés e inglés había concluido para la historia de Gran Bretaña.


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